Sunday, December 05, 2010

WIKILEAKS

La información secreta por sobre la paz del mundo.

“El mundo será mejor después de esto”. Así afirmaba Julian Assange, creador del sitio Web Wikileaks, luego de difundir de forma pública 281.257 mensajes secretos, que, según se indica, provienen de la CIA, el FBI y el Pentágono de los Estados Unidos, y donde se registran conversaciones y comunicaciones telefónicas privadas establecidas entre actores políticos de relaciones exteriores del gran país del norte y otras naciones (entre las cuales, también está Chile).

Pero la gran pregunta es: ¿realmente el mundo está mejor después de conocer esos informes secretos? Y la respuesta es, sin duda, “NO”. Los motivos son los siguientes:

Los secretos son la esencia de las instituciones.

Desde que las Guerras Mundiales han asolado el mundo, los países, grandes y pequeños, han establecido mecanismos para resguardarse ante potenciales ataques o conflictos bélicos. Esos mecanismos, fijados por leyes, se transforman en instituciones. En los EUA, la CIA es la encargada de velar por el resguardo de la seguridad nacional, y entre sus labores está la de solicitar información, plantear hipótesis y estructurar una red de espías y de personeros –directamente políticos o no– que deben actuar, de algún modo, “a la defensiva”, con cautela, lo que no significa que se perciba a los políticos externos como “enemigos”, sino que establecer “figuras”, las cuales, en muchas ocasiones, coinciden con la mirada de la opinión pública. Por lo tanto, si WikiLeaks considera que difundir archivos secretos es un acto de entera democracia y bien público debe aceptar que transgrede la labor de organismos de carácter legal y de relevancia. En Chile, por ejemplo, está la Oficina Nacional de Inteligencia. ¿Alguien se imagina lo que puede pasar si alguna página Web o un medio de comunicación difundiesen todo lo que se registra en nuestros documentos secretos, que pueden ser iguales o mayores a los datos de USA? Sería igual que aquella vecina chismosa del barrio, que, un día, sin darnos cuenta, hace cuenta que sale de nuestra casa, y se queda escondida detrás de la puerta, escucha todo lo que se dice en el ambiente familiar, lo divulga después a los cuatro vientos, amparándose en la justicia y la democracia, para, luego, deshacerse de las peleas entre vecinos.

La difusión no es sinónimo de democracia.

Como se sabe, desde un tiempo a esta parte (sobre todo después del caso Watergate, en la presidencia de Nixon), los periodistas (muchos de ellos, vestidos con trajes de Superman que nadie se los ha puesto) establecen una postura de defensores de la justicia y la difusión totales cuando dan a conocer “grandes noticiones”, resguardados en lo que ellos consideran el Quinto Poder. Así, el periodista indica que la difusión es igual a la transparencia y la democracia, y que todo debe estar regido bajo esa única premisa, sea cual fuere el contenido de lo que se da a conocer. Ese mismo periodista mantiene su recato cuando, el director o editor del diario, la radio o la televisión donde labora le prohíbe dar a conocer una información por “el bien de la sociedad”, lo cual el periodista, que desea mantener su trabajo, acata, y, por cierto, no lo difunde, y mucho menos da a conocer la indicación del jefe. Eso, para casi todos, se llama “línea editorial”. Para otros, es ocultamiento de información. En el caso de WikiLeaks, quien difunde la información secreta de la CIA sólo porque su propia línea editorial le indica ir en contra de los EUA, bien se le podría pedir de forma expresa que indique cómo obtuvo esa información, ya que, señoras y señores, lo digo con mucho respeto, aquello del “único soldado” que roba la información nadie se lo cree. Por lo tanto, WikiLeaks, si desea hablar de democracia y transparencia, debe decirlo todo, o más bien, decir quiénes son esos “todos” (que están detrás de la difusión de los datos secretos). Aunque ya se sabe quiénes son, sólo falta... difundirlos.

WikiLeaks tiene una misión, pero no tiene visión.

Cuando se emprende una empresa, sea cual fuera ésta (grande, mediana, pequeña), siempre se establece un “análisis”, unos “objetivos”, un “plan estratégico”, y, por sobre todo, una “misión”, la cual se proyecta en una “visión”. En el caso de WikiLeaks, está muy claro que la difusión de los documentos secretos tiene la “misión” de “Dar a conocer lo que ocurre en el accionar de la policía de inteligencia y las relaciones exteriores de los EUA”. Sin embargo, la “visión” no existe, y si existe, está mirada sólo desde el particular punto de vista de WikiLeaks. La visión siempre es de futuro, y debe ser constructiva, enaltecedora, que busque el bien del desarrollo humano. Al conocer estos documentos secretos, ¿qué queda? Sin duda que la sensación de que muchos ya no confiarán de la misma forma en EUA; que las rencillas de casi siempre saldrán otra vez a flote; que los países estén pidiendo o dando explicaciones de acciones que todos saben que se pueden suscitar y que, en ningún caso, se tendrían que conocer, porque para eso se han establecido las instituciones de resguardo internacional, para que se dediquen a “sospechar”, a “espiar”, a “plantear posibilidades”. Si al abogado le pagan por defender a un asesino, a ellos –a la policía secreta– les pagan por “sospechar”; ese es su trabajo. En consecuencia, ¿para qué buscar la pelea, la pugna, la guerra? ¿WikiLeaks pone por encima de la paz mundial el capricho del niño que, al conocer el secreto que el amigo, depositando toda su confianza, le ha dicho al oído, va y se lo cuenta a los demás sólo para que se quede con el mote de “Yo soy el que conocía tú máximo secreto, y, que, sin importarme lo que pasaba contigo, se lo conté a todos, porque así me hago grande y poderoso”?

WikiLeaks no es un paladín de la justicia, ni un virtuoso de la democracia que llega a dar cátedra. Es sólo una copia de un panfleto que, desinteresado e indiferente, vuela por los aires, dejando ver, de vez en cuando, unas letras que dicen: “TOP SECRET”.