CONOCIDOS DESCONOCIDOS.
“¿En dónde habré visto a esa persona que me saludó?” es la típica pregunta que aparece en la mente de quien estrecha la mano de alguien que está seguro de haberse encontrado con un viejo amigo; cuando, al parecer, los hechos son distintos. Ese día la persona “encontrada” sigue realizando sus labores habituales, pero con la inquietud de saber el origen de su entrañable compañero. De todos modos, más allá de reconocer que estas cosas pasan seguido, es importante hacer un pequeño análisis de los comportamientos de estos individuos que superan la
valla del simple “Me parece que a usted lo he visto en alguna parte”. En primer término, son seres extrovertidos, que nunca se conforman con establecer la duda; más bien buscan expresar de inmediato las emociones, alegrías. Lo otro tiene que ver con la clara convicción de que las personas conocidas, sea que pertenezcan a una etapa demasiado antigua de la vida, sea que el supuesto de que las han visto sólo una vez permite que la emotividad surja con todo, deben considerarse en gran manera, siempre. La última cuestión, la más elaborada, tiene que ver con la pérdida del espacio-tiempo. Este asunto lo vienen analizando los psicólogos desde hace varios años; se trata de una especie de lavado de cerebro temporal, o, en palabras técnicas (semióticas), tempo cegué, que se origina en el sector cerebral que controla los recuerdos y las emociones. Es de esta manera que, en casi todos los casos, las personas que aparecen en el camino para abrir sus grandes brazos, saludar con vigor y aducir que es un contento enorme volver a ver a un viejo amigo, codifican de manera errada las transmisiones eléctricas del sistema nervioso (simpático), llevan a cabo las acciones por medio de los primeros impulsos, para regresar al punto cero tres o cuatro horas después del encuentro. Ahí aparece el análisis que los seres humanos más tranquilos (llamados, por lo general, introvertidos, templados, que obedecen a la razón antes que cualquier otra cosa), al estar ante estas situaciones, expresan, dentro de su mente, “¿Será mi ex compañero de liceo ese hombre que viene ahí?; tal vez sólo es alguien parecido, mejor sigo caminando”. Lo cierto es que ya es tarde para ellos; la duda efectuada en el hipotético camarada de infancia está hecha; ahora es éste quien se dirige a su casa con el entrecejo fruncido, los dedos índice y pulgar en el mentón, y el interrogatorio interno que, mal que mal, sirve poco, ya que es posible que, al igual que la frase que acompaña al reencuentro, la que dice “Hace diez años que no te veía, compadre”, vuelva a repetirse, quizá por un período aún mayor (en palabras simples, nunca más verá de nuevo al “encontrado”), debido a que el otro sector que participa en estos actos, también alojado en un área cerebral; es decir, el de la memoria temporal (los inexactos recuerdos hacen que se relacionen facciones fisonómicas de ciertas personas vistas en el pasado con otras bastante parecidas, en el presente), termina por esclarecerse cuando se verifica que los recientes abrazos y felicitaciones forman parte de un equívoco o una confusión (en donde surge la frase "Parece que ese no era el amigo Pancho"). Habrá que tomar pasas.-----------------------------------------------------------------------------------------------
Apartado 1.
Inciso 1.
Lamento haber estado alejado de este mi blog (para emular al señor Cuesta de “Aquí no hay quien viva”, cuando dice “esta nuestra comunidad” [sé que es algo sin importancia, pero ya está escrito]). Empezar a contar el porqué de esto sería más o menos largo; lo único que les puedo decir es que son tres las razones fundamentales: pensé que se había borrado; estuve algo ocupado durante la semana; y he estado realizando otro blog (que algunos ya deben haber visto), dedicado a emitir dos puntos de vista de un mismo tema; pueden encontrarlo en http://criticadoble.blogspot.com/
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Inciso 2.
Agradezco a las personas que siguieron comentando en el post anterior. Ahora ya se sabe; el Ave Fénix suele retornar al nido, una vez que renace de sus propias cenizas. Por cierto que en esta ocasión se quedará durante un largo tiempo.

donde tres de cada cinco palabras es una grosería. Lo cierto es que a veces ellos mismos se pisan la cola cuando, desde una puerta que queda cerrada a medias, se escucha la forma de mantener una conversación con sus colegas, en las que se pierde el sentido de la rectitud con que se manejan al interior de un salón. El origen de estas acciones está en varios lados; primero, los garabatos están registrados en el diccionario de la RAE; también está el argumento de que los sectores privados amparan una distendida charla; y lo otro proviene de la propia moral, los deseos por hablar sin prejuicios, varias otras cuestiones. Quienes siguen considerando un suceso horroroso dar a conocer los pensamientos con cuotas de expresión común y corriente leen las columnas de elite; a los que les parece aburrido continuar escuchando los sermones de un maestro de escuela salen corriendo a liberar las tensiones en medios donde nadie los juzgue por querer decir los términos que forman parte de la costumbre. Es el libre albedrío, la democracia, el “¡Yo hablo como quiero, por la mierda!”.





