PONERSE DE ACUERDO... HABRÁ QUE ENTRAR A PICAR, DICEN.
Recibir a diario la queja de un cabro chico que le gusta comportarse a la manera de un adulto hace que uno decida sacarse un rato el traje de hombre compuesto, y, derecho, se convenga en el coloquio. El niño, que dice que le gusta poco que lo llamen así ahora, porque, según señala, en la televisión existen muchos que usan ese sustantivo para indicar algo distinto, está viendo las noticias en un sillón comprado por los padres con una plata recibida de un finiquito antiguo que le debían pagar a ambos, cuando trabajaban en una empresa, se enamoraron, los pillaron en el baño con aquellas ganas que todos conocen, el “sapo” se lo contó al jefe, y este cortó por lo sano por medio del sobre azul (es que ahora Chile es un país que debe mostrar estabilidad, está claro). Ve que los asesinos aparecen con la cara tapada, las mujeres gritan por la desaparición del hijo, el lector dice algunas palabras desconocidas (“violación”, “derechos humanos”, “Pinochet”, “Gracias, Conny”), al tiempo que chupa un dulce desgastado. Está quieto el muchacho, pero empieza a mover la boca igual que un muñeco electrónico, sin siquiera pestañar. Por supuesto, es para preguntar cosas, si un chiquillo de siete años tiene todas las pilas puestas a esa edad para hacerlas de periodista en ciernes. Quiere saber de dónde sacan todas esas informaciones, porque, la profesora, ese mismo día, les acaba de decir que estamos viviendo tiempos de eterno relajo, concomitancia, hermandad, nada ocurre con malas intenciones, que ahora las comunicaciones prevalecen con fuerza, aparte de recordarles que pronto podrán encontrarla en su blog, http://laprofesorabuenaonda.blogspot.com/. La esperada respuesta queda en el aire al aparecer el padre del inquisidor, que andaba buscando unos documentos que estaba esperando (claro, estoy en casa ajena). En eso, la señora lo llama a la cocina, lo que me daría tiempo para contestar. Pasa que ahora Piaget (psicólogo suizo, elaborador de los esquemas del desarrollo del pensamiento) está más o menos obsoleto en cuanto a comportamientos, ya que el niño deja de lado el dulce, me toma de la mano, igual que si yo fuese el hermano mayor, me lleva a su pieza, mueve el mouse del computador, que lo tenía en modo “Suspender”, teclea la dirección de una página Web en la barra de Internet Explorer, apunta con el dedo, y dice, “Acá está la respuesta, señor”. Es una página con colores llamativos, algunas fotos de adultos con trajes de escolares, lentes oscuros, escrituras deformes, titulares de diarios, desnudos masculinos y femeninos, fotos de los rostros de los noticiarios nacionales, y el emblema “Porque nunca se ponen de acuerdo, los adultos debieran volver al colegio”. Empiezo a reírme con esas imágenes, links, que dirigen a sitios de educación, colegios, universidades, con un fin poco descifrable. El joven internauta empieza a explicar que ese sitio alberga algunas opiniones que los niños de su sala, apoyados por un compañero de un curso mayor (del Séptimo C, dice), quieren hacer sentir para que se reflexione sobre el pobre caminar que siguen los hechos actuales. A nosotros nos meten el dedo en la boca, pero, dejamos pasar el asunto, para ser menos provocativos, y pasarla bien, total, aún somos inmaduros, argumenta, junto con hacerme salir de la habitación, bajar las escaleras, seguir sentado en el sofá, con el caramelo en la boca. Regresa el papá, nos encaminamos a la puerta, me despido de la señora, le doy un apretón de manos al amigo, hasta que, del fondo, se escucha el grito “¡Caballero, después me contesta la pregunta, que igual quiero saber!”. Habrá que cambiar el canal, parece.
1 Comments:
Creo que muchos deberan volver al colegio, como bien tu dices, para que "aprendan a haulare" jajajaja
Saludos
7:05 PM
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